Entendemos lo que estás viviendo

Tener hijos es considerado por la mayoría de las personas como una parte esencial de la vida. En México, una de cada seis parejas tiene problemas de infertilidad y, durante la lucha por lograr el embarazo, es normal experimentar sentimientos como frustración, ira, depresión, ansiedad o incluso llegar a sentir que la vida no tiene sentido

Entendemos lo que estás viviendoLas mujeres sueñan con ser madres desde que sostienen su primera muñeca en brazos, y este deseo no hace más que aumentar con los años. Por ello, es normal que al darse cuenta de que tienen un problema de fertilidad, experimenten sentimientos como ira y depresión.

Aunque los sentimientos del hombre pocas veces son tomados en cuenta, ellos también han soñado con tener hijos y pueden sentir que defraudan a su pareja o incluso que su masculinidad se ve amenazada. Es común que ambos miembros de la pareja crean que algo está mal en ellos. Tal vez estén cansados de ver otras parejas que tienen hijos aun sin quererlo y se pregunten: -¿por qué nosotros no?

A continuación queremos compartirles un video y, al final de esta sección, una carta titulada “Quiero ser madre”, cuya autora conocemos sólo por el nombre de Judith. Creemos que ambos expresan muy bien algunos de los sentimientos y vivencias de las personas que desean tener hijos y por alguna causa no han podido.

La mayor parte de las personas que acuden a Ingenes han invertido años en tratamientos física, emocional y económicamente desgastantes y creen que no tienen más posibilidades. PERO ES NECESARIO QUE SEPAN QUE HAY ESPERANZA.

Entendemos lo que estás viviendoEn Ingenes comprendemos la difícil situación que nuestros pacientes atraviesan y perseveramos para que alcancen su sueño de ser padres con el menor desgaste posible. Ésta es nuestra misión.

Además de tener la mayor participación del mercado mexicano en cuanto a resolución de casos de alta complejidad y tasas de éxito en embarazo superiores al promedio de las clínicas de fertilidad estadounidenses, contamos con instalaciones con la más alta tecnología disponible actualmente y nuestro equipo está conformado por especialistas experimentados en diversas áreas, que trabajan en equipo para resolver cada caso como si fuera el único caso a resolver.

Sabemos que es probable que tú y tu pareja hayan intentado hablar con su familia o amigos y sientan que nadie entiende lo que están pasando. Por ello, además de asesoría médica especializada, contamos con una unidad de apoyo emocional para acompañarlos desde la primera consulta.

Carta de Judith:

Quiero ser madre

Quiero ser madre pero no puedo, soy en cambio una aspirante a mamá.
Quiero ser madre, quiero concebir un hijo de forma natural con mi
esposo, en la privacidad de nuestro hogar, rodeados de amor y
pasión: de la forma en que Dios pretendió. Pero no puedo.

En cambio un médico, un laboratorio y un tubo de ensayo tratarán de
asistir a Dios en lograr nuestra concepción.

Quiero experimentar un retraso de nueve meses, quiero experimentar
náuseas matutinas, quiero que mi esposo le hable a mi panza. Quiero
sentarme en la sala de espera junto a otras embarazadas sabiendo
que soy una de ellas. Pero no puedo.

En cambio, trato de no lucir embarazada para que no vayan a
preguntarme. Sonrío a bebés que no son míos. Sufro por amar a
alguien que nunca he conocido.

Quiero sorprender a mis padres con un nuevo nieto. Quiero contarles a
mi familia y amigos la buena noticia. Quiero que mi vida cambie de un
día para otro. Quiero leer “Qué esperar cuando estás esperando”. Pero
no puedo. En cambio, me doy inyecciones. Me hago pruebas de sangre. Veo mis
folículos crecer y rezo para que fertilicen mientras mi esposo mira
nuestra concepción desde el otro lado de la sala. Leo libros sobre
infertilidad.

Quiero decorar el cuarto del bebé, quiero tener la casa segura para
niños, quiero comprar esos adorables, suaves y diminutos conjuntitos.
Quiero comprar en esa famosa tienda de bebés, quiero
ahorrar dinero para el futuro de nuestro hijo. Pero no puedo.

En cambio, imagino una cuna en esa habitación vacía de la casa. Evito
las tiendas de bebes. Gastamos nuestro dinero en citas, exámenes y
procedimientos de alta tecnología. Gastamos nuestro dinero en un
sueño. Nos quedamos con la cuenta bancaria vacía. Nos quedamos
con los brazos vacíos.

Quiero compartir mi experiencia con mis amigas embarazadas. Quiero
comparar síntomas, quiero ser la invitada de honor en el baby
shower. Pero no puedo. En cambio, veo a mis amigas embarazarse tan fácilmente.
Veo sus panzas crecer, concurro a sus baby showers, veo sus fotos y trato
de ser buena amiga. Veo sus vidas cambiar y nuestra amistad
cambiar frente a mis ojos.

Quiero sentir contracciones, quiero a mi esposo tomándome la mano
y a mi familia esperando en la sala. Quiero pujar, quiero sentir el
dolor. Quiero oír el llanto. Pero no puedo.

En cambio, siento un dolor diferente, oigo mi propio llanto, oigo el
llanto de mi esposo que hiere más de lo que nunca había imaginado.
Quiero abrazar a mi bebe con lágrimas de alegría corriendo por
nuestras mejillas, quiero experimentar el milagro del nacimiento
pensando que nosotros lo hicimos pero sabiendo que fue Dios quien lo
hizo. Pero no puedo. En cambio, abrazo a mi esposo con lágrimas de dolor
corriendo por nuestras mejillas y preguntándonos cuál es el plan que Dios
tiene para nosotros y por qué tenemos que pasar por todo esto.

Quiero rezar por una bendición en nuestras vidas, Y rezo mi milésima
oración sin respuesta esperando que esta vez Dios me responda. Rezo
por un milagro que solo Dios puede darnos. Rezo para que algún día
no muy lejano Él nos lo conceda.

Quiero ser madre. Pero no puedo. En cambio, estoy donde Dios quiere
que esté, agradecida por sus bendiciones, buscando su gracia,
confiando en su plan perfecto, rezando para que me permita cambiar
de estatus…

De aspirante a mamá, a aspirante a buena mamá.

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