En 2019, una pareja logró a su primer bebé en Ingenes mediante Fertilización In Vitro. Cuatro años después, en 2023, volvieron con el mismo deseo: un segundo hijo. Esta vez el camino fue más complejo, y un solo procedimiento no iba a alcanzar.

Ella tenía 36 años, ligero sobrepeso y Síndrome Poliendocrino Metabólico Ovárico (SPMO, antes Síndrome de Ovario Poliquístico o SOP), acompañado de resistencia a la insulina. Él presentaba factor masculino (teratozoospermia, alteraciones en la forma de los espermatozoides). El caso, documentado por el equipo de investigación de Ingenes junto con el Cinvestav-IPN y aceptado para publicación en Clinical Case Reports, muestra cómo la combinación de cuatro técnicas en los tres frentes de TripleMed® logró un embarazo después de un intento fallido.[1]

El primer intento de esta nueva búsqueda

En el primer ciclo de esta nueva etapa, el equipo siguió el protocolo estándar. Una histeroscopia descartó alteraciones estructurales, pero confirmó el problema de fondo: un endometrio delgado, de apenas 3.6 mm, muy por debajo de los 7 mm que se consideran el mínimo ideal para que un embrión implante.

Para mejorarlo se aplicó Endogen®, la regeneración endometrial de Ingenes que utiliza plasma rico en plaquetas (PRP) de la propia paciente: sus factores de crecimiento estimulan tejido nuevo y mejoran la irrigación del endometrio. El tejido respondió y se transfirió un embrión cromosómicamente sano, confirmado con PGT-A. Aun así, el embrión no implantó.

La pieza que faltaba: el metabolismo

La paciente decidió pausar el siguiente ciclo para bajar de peso. Lo logró y redujo su índice de masa corporal, pero los estudios mostraron algo clave: el síndrome metabólico y la resistencia a la insulina seguían presentes. Bajar de peso, por sí solo, no había corregido el problema de fondo.

El análisis de su alimentación reveló una dieta de unas 2000 calorías con cerca del 55% de carbohidratos. El equipo de Medicina Metabólica la llevó a una intervención nutricional basada en cetosis: alrededor de 1800 calorías diarias con un máximo de 50 g de carbohidratos, con seguimiento cercano para asegurar la adherencia.

Alimentos de una dieta cetogénica: salmón, aguacate, huevo, verduras de hoja verde, frutos secos y aceite de oliva, base de la intervención nutricional que corrigió la resistencia a la insulina

Los resultados llegaron rápido. En dos semanas, bajaron su glucosa en ayunas y sus triglicéridos, y su índice HOMA-IR cayó por debajo de 2.0, el umbral que marca la resistencia a la insulina. Por primera vez en el proceso, su cuerpo manejaba la energía de forma sana.

Elegir el mejor embrión

Con el metabolismo corregido, el equipo inició un segundo ciclo de estimulación. Esta vez sumó el Score de Implantación, un estudio molecular no invasivo desarrollado en Ingenes que analiza las células que rodean a cada óvulo (las células de la cúmula) para predecir su potencial real de implantación.

De los óvulos obtenidos, tres destacaron por su calidad. Tras la fertilización por ICSI (indicada por el factor masculino), dos embriones resultaron cromosómicamente sanos según el PGT-A y, además, con los mejores puntajes del Score de Implantación. Esos dos embriones fueron los elegidos para transferir.

Un endometrio finalmente receptivo

Manteniendo la dieta cetogénica y con una nueva aplicación de Endogen® (PRP), el endometrio alcanzó por fin una estructura trilaminar ideal de 11.8 mm, el patrón de triple línea que se asocia con la mejor receptividad. El mismo útero que había empezado en 3.6 mm estaba listo.

Representación del endometrio con su estructura trilaminar, el tejido receptivo que se logró con Endogen® y la intervención nutricional

El resultado

Se transfirieron los dos embriones. Esta vez, la implantación ocurrió: la prueba de embarazo (beta-hCG) dio 362 mIU/mL y, a las seis semanas, un ultrasonido confirmó el latido fetal. En la semana 39 nació un bebé sano, un niño de 3465 g y 53 cm, con Apgar 8/9.

Mujer embarazada sostiene su vientre con luz cálida, el resultado del caso: un bebé sano nacido en la semana 39

Cada técnica había resuelto una variable distinta. Juntas, construyeron una cadena continua de calidad: del metabolismo al óvulo, del embrión al endometrio.[1]

Qué nos enseña este caso

Este caso reúne, en una sola historia, los tres frentes de TripleMed®: la Medicina Metabólica que corrigió la resistencia a la insulina, la Medicina Regenerativa y Genética que aportó el Score de Implantación, el PGT-A y la regeneración endometrial con Endogen®, y la Medicina Reproductiva que integró todo en un ciclo de FIV con ICSI.

Cuando una transferencia falla, repetir el mismo protocolo rara vez cambia el desenlace. Lo que cambió aquí fue mirar a la pareja completa: el metabolismo de ella, la selección de óvulos y embriones, y la preparación del endometrio, trabajando cada frente con la tecnología adecuada. Aquí no hablamos de cura: intervenimos, corregimos y construimos las condiciones para que el embarazo fuera posible.

Si has tenido transferencias que no implantaron o te dijeron que ya no había nada que hacer, vale la pena evaluar tu caso con esta mirada integral. Agenda tu Primera Consulta y conoce todas las herramientas que pueden estar a tu favor.

Fuente científica

  1. Rojas-Pérez TG, Reyes-Albarracín Y, Ortiz G, Suárez JJ, Cordero J, Vilchis D, Hernández-Melchor D, López-Bayghen E. Addition of multi-level technologies to evaluate eggs and embryos and improve endometrial quality applied for in vitro fertilization to achieve pregnancy: a case study. Clinical Case Reports (aceptado 2026). Instituto de Infertilidad y Genética (Ingenes), Instituto Regenera y Cinvestav-IPN.