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Fecha de Publicación:
31 de mayo, 2017 

La realeza en tiempos sin Eligender

Durante todo la historia del Inglaterra, la sucesión al trono ha seguido la regla de la primogenitura con preferencia del varón sobre la mujer, en otras palabras, los hijos masculinos del rey se prefieren sobre sus hijas, y en caso de tener más de uno, el que cuente con mayor edad será el próximo rey. ...

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Durante todo la historia del Inglaterra, la sucesión al trono ha seguido la regla de la primogenitura con preferencia del varón sobre la mujer, en otras palabras, los hijos masculinos del rey se prefieren sobre sus hijas, y en caso de tener más de uno, el que cuente con mayor edad será el próximo rey.

Cuando murió el rey Enrique VII y su hijo Arturo, Enrique VIII quedo como el único hijo vivo y sucesor legítimo del Rey, tomó automáticamente el trono en Inglaterra. Durante su reinado fue famoso por sus idilios complicados y por su obsesión de preservar su linaje, temor que lo llevó a tomar decisiones extremas que iban desde el desprestigio y hasta la muerte de sus cónyuges.

 

Tras la muerte de su hermano Arturo (quién era el heredero a la corona), Enrique VIII creía que además de ocupar su lugar en el trono, también sería conveniente  tomar como esposa a su cuñada Catalina de Aragón. Esta propuesta, llevó a Catalina a anular su matrimonio religioso consiguiendo ser nuevamente “doncella”. Los recién casados, con el mutuo afán de conservar el poder monárquico, buscaron tener un hijo varón, quien llegó después de tener a su primogénita, María.

La mala fortuna del matrimonio llegó cuando el príncipe falleció a los 52 días de haber nacido. Enrique atribuyó esta “maldición” a su acto pecaminoso por “descubrir la desnudez de la mujer de su hermano”, además de asegurar que Catalina estaba maldita por lo que era preciso deshacerse de ella, debido al empeño de Enrique, Catalina terminó su vida exiliada de la corona y sola.

Aún casado con Catalina, Enrique comenzó a sentirse atraído por la dama de compañía de su esposa: Ana Bolena, una mujer ambiciosa y bella que no conforme con ser su amante, logró enamorarlo hasta convertirse en su esposa.

 

La anulación del matrimonio de Enrique  y Catalina sucedió después de que él se convirtiera en jefe de la iglesia de Inglaterra, independizándose de la Iglesia Romana.

Ana Bolena y Enrique tuvieron una niña,  situación que fue debilitando poco a poco la relación de la pareja. En un segundo embarazo, recibieron a un varón que lamentablemente nació muerto. Acusada por adulterio, Ana Bolena fue decapitada en 1536 e inmediatamente después de la ejecución, Enrique contrajo nupcias con Juana Seymour.

En su tercer matrimonio, Enrique logra convertirse en padre de un niño, el Príncipe Eduardo VI; sin embargo al haber sido un embarazo de alto riesgo, la entonces Reyna de Inglaterra, murió durante el parto y el recién nacido tuvo muchos problemas de salud durante su infancia. La frágil salud del príncipe fue un motivo para que Enrique VIII se casara nuevamente y buscara, sin éxito, otro hijo que pudiera subir al trono.

Dos años después de la muerte de Juana, el Rey se casó con Ana de Cléves, una unión arreglada para fortalecer la relación entre Inglaterra y Alemania que duró muy poco tiempo. Enrique debido al aspecto de Ana, derivado de las enfermedades que padeció en el pasado, decidió desterrarla.

En su lista de esposas también están Catalina Howard, ejecutada por infiel y su última esposa Catalina Parr quien lo cuidó en sus últimos días de vida. Enrique VIII falleció el 28 de enero de 1597 dejando como sucesor a su único hijo Eduardo VI.

¿Qué historia se habría escrito si estos monarcas hubieran podido elegir el sexo de sus bebés con Eligender? ¿Se imaginan?

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